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En la carretera: el noroeste de Ibiza

En el primer número de esta nueva sección te llevamos a enclaves ideales de la isla.

El itinerario: empezamos en el pueblo de San Carlos, pasando por la costa hacia el norte con parada en playas como Cala Leña, Cala San Vicente y algunos lugares de interés entremedias.

Lo que descubrirás: la fantástica costa, carreteras y caminos serpenteantes, aguas turquesas, paisajes y paradas para comer.

Lo que debes llevar: algo para beber y picar, una buena cámara, ropa de baño, buena música como nuestra playlist Ibiza Spotlight Selects , dinero en efectivo para tomar algo, protección solar, un mapa ya sea en papel o en app (asegúrate de llevarte un cargador si optas por la segunda opción).


LA RUTA


Puede que Ibiza sea una isla pequeña, pero ¿cuántos de nosotros podemos decir que conocemos cada rincón de la isla? ¿Cuántos hemos visitado todas las recónditas cuevas, colinas y paisajes? A fin de cuentas, ¿cuántos conocemos la verdadera Ibiza?

En esta sección te presentamos la otra cara de la isla, la más desconocida y menos visitada. Necesitarás un medio de transporte, claro, y un coche es la mejor opción si vas cargando con tu bañador, bebidas y algo para picar. Hacerlo en bici (tal vez en una eléctrica) también es una opción.

Estas rutas están diseñadas para que las adaptes a ti, con opción a alargarlas o acortarlas a tu gusto, por si te quieres quedar más rato en una playa o saltarte algunas de las paradas que te recomendamos. Sigue leyendo y descubre todo lo que nosotros vimos en la costa noroeste de Ibiza.


CARGA LAS PILAS con un buen desayuno

Nuestro desayuno en Las Dalias Café


Nosotros empezamos nuestra ruta en el coqueto pueblo de San Carlos, yendo a desayunar a Las Dalias Café, parte del famoso y ya consolidado mercadillo hippie. Por dentro es muy moderno y tiene un toque rústico, y aquella mañana, el sol matutino iluminaba todo el lugar. En la carta encontrarás tostadas con coberturas de lo más modernas, como humus de remolacha o pimientos asados, y para quienes opten por algo más saludable, también hay kéfir con frutos rojos, que es ideal para poner el sistema digestivo en marcha.

Nosotros optamos por una tostada con jamón y queso, huevos escalfados camperos con espinacas, tortilla y una tostada de aguacate con un toque de lima. Esto, acompañado de un buen café con espuma nos puso las pilas para nuestro día en la carretera. Siempre vale la pena salir a desayunar cuando uno está de vacaciones, incluso si tienes el desayuno incluido en el hotel. En Ibiza hay sitios fantásticos a los que ir a comer, por lo que no salir a probarlos es casi un crimen.



Con el estómago lleno nos dirigimos a nuestra primera parada, la playa de Cala Leña, dirección norte pasado el pueblo de San Carlos. Sólo tienes que seguir las indicaciones de las playas cercanas. Conducirás por pequeñas carreteras sinuosas, pasarás varios restaurantes con nombres de lo más curioso y te quedarás maravillado con la tranquilidad y la poca gente que te encontrarás. Sin duda esta es la manera de ver la otra Ibiza.


de camino a la primera playa

De izquierda a derecha en el sentido de las agujas del reloj: La playa de Cala Leña; la carretera a Es Pou des Lleó; una casita blanca de estilo ibicenco; el bonito campo de Ibiza.


Todo está muy bien señalizado en la carretera, por lo que llegar a nuestra primera playa fue muy fácil y, de hecho, en cosa de 10 minutos nos plantamos ahí. Bajamos la colina que lleva a la playa, y aparcamos el coche en un parking muy amplio cubierto de pinos, una bendición para los días de verano ya que mantendrá tu coche fresquito.

Cala Leña tiene mucho encanto, además de un chiringuito de buen tamaño a la sombra ubicado al final del pequeño paseo de madera. Las jarras de sangría cuelgan de la pared y son más que suculentas, pero como era un poco temprano decidimos pasar de largo. Con los pinos al fondo y el mar a nuestros pies, nos sentimos como si estuviéramos en el paraíso. A la izquierda verás una escalerita blanca construida en la roca que baja directamente al mar, que le da un toque majestuoso, y las casitas de pescadores que proliferan en la costa ibicenca nos recuerdan que estamos en el Mediterráneo. Sentados en la arena empezamos nuestro bonito día antes de volver al coche y continuar nuestro camino hacia el norte por las pequeñas carreteras secundarias.

A continuación nos dirigimos a la playa de Es Pou des Lleó, pasando Cala Boix, donde te verás inmerso en un paisaje bucólico, repleto de valles y cumbres, viñedos, campos sembrados y casitas típicas ibicencas decoradas con macetas con flores y rodeadas de hermosas buganvillas en tonos rosados y lilas. La carretera es bastante estrecha, aunque encontrarás algún que otro sitio para pararte y tomar algunas fotos. Y querrás hacerlo, especialmente si no te has movido mucho de la zona en la que te hospedas.


Torres piratas y una isla privada

De izquierda a derecha en el sentido de las agujas del reloj: la Torre des Campanitx; el camino que baja a Aguas Blancas; un servidor luciendo unas gafas estilo deportivo cortesía de Óptica la Mar en Santa Eulalia; casita varadero de Es Pou des Lleó.


Conducir por carreteras en las que te encontrarás únicamente a algún que otro ciclista y algún coche ocasional es todo un lujo en Ibiza. Y en nuestro trayecto a Es Pou des Lleó tuvimos esta suerte. Llegamos más o menos en 25 minutos, y eso que nos paramos a echar algunas foto. Como era temprano no había mucha gente en la playa - lo cual es muy interesante si quieres evitar a las multitudes. De hecho, las mañanas son el mejor momento del día para ir a la playa si quieres estar tranquilo.

Después de dar una vuelta, nos paramos en el pequeño chiringuito de la playa para tomar una caña rápida y revisar nuestra ruta. Le preguntamos al camarero por nuestro próximo destino, una antigua torre de defensa, la Torre des Campanitx, construida en el siglo XVIII para protegerse de los piratas. Es muy fácil llegar, y puedes ir a pie desde la playa si giras a la derecha mirando al mar. Nosotros decidimos subir en coche, pero ves con cuidado porque el camino es de tierra y muy irregular, por lo que si subes, hazlo en un coche alto.


Tagomago, la isla privada que cuesta un buen dineral.


Una vez en lo alto de la colina nos quedamos maravillados con esta torre antigua almenada, tomamos algunas fotos y nos preguntamos si podríamos entrar para revivir aquellos tiempos en los que sus ocupantes habrían mandado señales para prevenir de los ataques piratas. Desde la torre, si te diriges pocos metros en dirección al mar, descubrirás la isla privada de Tagomago, un lugar que probablemente no esté en tu lista de alojamientos, ya que una noche cuesta al menos 24.000 €. Si quieres echar un vistazo sé cauteloso de no acercarte demasiado al precipicio, ya que hay una buena caída. Mejor ve con cuidado y párate a disfrutar del silencio y de algún que otro pajarillo trinar.


mar que parece una piscina


De izquierda a derecha en el sentido de las agujas del reloj, la playa de Aguas Blancas: la delicada costa con líneas curvas y espumosas; una roca a la que puedes escalar; diversión en la orilla; la vista desde arriba.


El camarero nos recomendó un sitio fantástico, justo pasando el restaurante de Es Pou des Lleó que queda en la parte superior. Si sigues el camino hacia la izquierda, encontrarás una zona de la costa bastante abierta, y vale mucho la pena continuar porque encontrarás todo un tesoro. Nosotros trepamos algunas rocas y seguimos el siguiente camino donde encontramos unas aguas turquesas repletas de rocas que sobresalen como pequeños volcanes que emergen de una piscina (mira la foto principal). De verdad, te quedarás anonadado. Nosotros nos sentimos súper privilegiados de estar allí, y volveremos sin ninguna duda.

A continuación, nos dirigimos a la siguiente playa en nuestro itinerario, Aguas Blancas, y en 15 minutos nos plantamos allí. Aparcamos al final del camino y comenzamos nuestro descenso por la colina para acceder a la playa. Aguas Blancas es conocida por ser una playa nudista y por sus aguas cristalinas, como su nombre bien indica. Te recomendamos llegar a esta playa antes del mediodía para que te de tiempo a broncearte antes de que el sol se ponga detrás de las montañas.

Pero no todo son naturistas y en el primer tramo de la playa encontrarás bañistas más pudorosos, por lo que si te apetece practicar nudismo dirígete hacia la izquierda donde hay tres tramos de arena en los que no hay tanta gente. Una vez aquí puedes relajarte como "Dios te trajo al mundo", pero no olvides ponerte crema. Con los estómagos ya rugiendo por el hambre, volvemos a la carretera en dirección a nuestra próxima parada, la Cala San Vicente.


una parada para comer


La Cala San Vicente desde la carretera

Solo se tardan unos diez minutos para llegar a la Cala San Vicente, pasando por carreteras montañosas sinuosas y con curvas excavadas en el acantilado, y de repente aparece la playa... y menudas vistas. Si miras para abajo entre la vegetación, podrás ver los colores del mar turquesas y brillantes, con diminutos destellos de luz que rebotan en la superficie. Simplemente hermoso.

Una vez llegamos abajo y aparcamos, dimos una vuelta por su paseo para deleitarnos con las deslumbrantes vistas antes de pararnos a comer. Nuestra elección para comer fue el restaurante Boat House, con un nombre muy acorde al local, ya que está repleto de objetos náuticos procedentes de toda Europa. Verás lámparas de barco colgando de las paredes, redes de pesca de decoración, carretes de cables de pesca convertidos en mesas y muchos más objetos con mucha historia.



La playa Cala San Vicente


No hay buenas palabras suficientes para describir este lugar. Desde la cálida bienvenida que nos dio su propietario Jay, pasando por su personal de lo más encantador hasta su carta internacional súper creativa. En este restaurante hay mucha actividad, y ver pasar sus platos con una presentación exquisita y un enorme chuletón llegar a la mesa de al lado nos hizo la boca agua. Pedimos. Necesitábamos recargar las pilas.


una comida agradable

De izquierda a derecha en el sentido de las agujas del reloj: entrada al Boat House; dos chupitos de Hierbas; trinchando el chuletón; gambas rebozadas con mayonesa kimchi.

De primero pedimos un Baba Ganuch con toques a menta y las gambas rebozadas con mayonesa kimchi... ¡delicioso! Y sentados frente al mar con una sensación de relax total, llegan nuestros segundos: un estupendo pollo a la peruana y unos espaguetis con marisco "a la chitarra". Lo devoramos con ganas, disfrutando de cada bocado.

Con lo estómagos llenos, nos regocijamos con la gran comida que hemos disfrutado mientras damos una vuelta rápida para observar todos los detalles de la decoración del lugar. De verdad, vale la pena dar una vuelta por el restaurante, ya que encontrarás pequeños detalles que puede que no hubieras visto de primeras. Busca el acuario simulado situado en el suelo dentro del local. Sintiéndonos súper llenos, no tenemos sitio para el postre por lo que vamos directamente a por unos chupitos de Hierbas, un licor local.


Y LLEGÓ EL FINAL, AMIGOS

De izquierda a derecha en el sentido de las agujas del reloj en la playa Cala d'en Serra: vistas del mar; casitas varadero; la vista desde arriba; un cartel que describe nuestras vacaciones a la perfección.

Finalmente y con los estómagos llenos vamos hacia el coche para dirigirnos a nuestra última parada. Por suerte, es muy fácil llegar. Sólo necesitas conducir en dirección San Juan a través de frondosas montañas con pendientes pronunciadas arriba y abajo. La topografía de esta zona es verdaderamente increíble. Conducimos pasmados mientras contemplamos las terrazas de cultivo de estilo morisco en las montañas, que dejan entrever aquel tiempo en que la gente de aquí vivía de los frutos de la tierra y del mar. Es lo único que podemos hacer para no salirnos de la carretera. Todo un espectáculo.

Continuamos hasta la pequeña cala de Cala d'en Serra, pasando por estrechos caminos en los que de nuevo nos encontramos con muy pocos coches, hasta que empezamos a descender. Nos encontramos con unas vistas sencillamente abrumadoras, donde el mar toma unos tonos verdosos. Aparcamos, y bajamos corriendo hacia el agua, donde Michael, mi compañero fotógrafo, toma algunas fotos más durante el camino. Hemos esperado todo el día para meternos en el agua y una vez dentro, somos como niños, zambulliéndonos bajo el mar para disfrutar de la vida marina y "haciendo el muerto" sobre el agua. Después de unas diez horas en la carretera, es una recompensa más que merecida.

Ahora, que ha llegado el fin de nuestro día, es hora de marchar, y aunque no queremos, estamos seguros de que vovleremos de nuevo a este pequeño paraíso de mar y montaña.

Necesitarás un coche para tu día en la carretera, así que echa un vistazo a nuestra selección de compañías de alquiler de coche en Ibiza para hacerte con un buen par de ruedas que te lleven de paseo.


FOTOS | Michael Tomlinson

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