¿Qué haces un lunes cualquiera por la noche en Ibiza? ¿Disfrutar del entretenimiento gratuito del hotel? ¿Pasar horas mirando el móvil? ¿Ver la tele? ¡Por supuesto que no!
En algún lugar, siempre está pasando algo. El verano en esta isla nunca se toma una noche libre. Tras una breve investigación, descubrimos una opción prometedora: Eivissa Daurada en 528 Ibiza.
El nombre por sí solo suena como sacado de un cuento de hadas. Con la entrada asegurada, partimos hacia las colinas de Benimussa.
El trayecto en sí mismo formaba parte de la experiencia, con el campo ibicenco bañado por ese resplandor mágico previo al atardecer que los cineastas se esfuerzan enormemente por recrear. La famosa hora dorada estaba en pleno apogeo. El paisaje parecía suspendido en una luz ámbar, como si una fina capa de polvo dorado lo cubriera todo.

Cuando llegamos a la terraza superior de 528, todo estaba ya preparado. Las colinas onduladas se extendían hasta el horizonte, las velas parpadeaban alrededor del escenario y el sol se ocultaba lentamente entre los árboles. Un entorno suntuoso para una velada elegante.
Eivissa Daurada se representa en uno de los lugares más emblemáticos de Ibiza. El concepto es sencillo pero efectivo: música cinematográfica interpretada por un conjunto de cámara, acompañada de danza, narración de historias y el toque justo de humor para evitar que la velada se vuelva demasiado seria.

El conjunto estaba formado por piano, percusión y violonchelo, dirigido por Carlos Vesperinas, con la bailarina y vocalista Raquel Ortiz añadiendo una dimensión teatral a la actuación.
Antes de que sonara la primera nota, Carlos tomó el micrófono, desplegando su humor irónico que inmediatamente conquistó al público. Fue inesperado y funcionó a la perfección. El público, impecablemente vestido, pero con una naturalidad refrescante, respondió con risas. Cualquier rastro de formalidad desapareció al instante. Entonces comenzó la música.
La pieza de apertura, "Golden Hour" de la serie Stranger Things dio paso al tema de "Interstellar" de Hans Zimmer. Al escuchar las primeras notas, la conversación cesó y la atención se centró por completo en el escenario. "Interstellar" sigue siendo una de esas composiciones excepcionales capaces de dejar al público boquiabierto. Melancólica, inspiradora y profundamente emotiva, parecía encajar a la perfección con la luz menguante y los gráciles movimientos de Raquel Ortiz. A partir de ahí, el público fue transportado al mundo fantástico de la exitosa película francesa Amélie.

Entre los momentos más destacados de la velada figuraron dos composiciones de Ludovico Einaudi: "Nuvole Bianche" y "Experience". Delicadas, hipnóticas y oníricas, demostraron por qué el compositor italiano sigue siendo una de las figuras más queridas de la música clásica contemporánea.
Entonces llegó una sorpresa inesperada.
Una interpretación con toques de jazz de "Tres notas para decir te quiero", originalmente conocida como sintonía de un anuncio de cerveza, animó la velada. Lo que podría haber sido una simple novedad se convirtió en uno de los momentos más entretenidos de la noche.
Los músicos disfrutaron visiblemente. Los floreos al piano de Samuel Pérez y la dinámica percusión de Joan Carles Marí elevaron el ritmo y transformaron el ambiente. El público comenzó a moverse en sus asientos, aplaudiendo y vitoreando como si se hubieran topado con un íntimo club de jazz en lugar de un concierto de música clásica a la luz de las velas.
En la recta final, el conjunto regresó al grandioso terreno cinematográfico.
"Now We Are Free" de la película Gladiator llenó la terraza con su melancolía y heroísmo. Esta composición inmortal sigue siendo capaz de llegar a lugares que las palabras no alcanzan. Rodeados de la luz de las velas, bajo el cielo abierto de Ibiza, era difícil no dejarse llevar por el momento.

Para el cierre, Raquel Ortiz regresó al escenario, esta vez como vocalista, ofreciendo una delicada interpretación de "If I Ain't Got You" de Alicia Keys. Suave, íntima y maravillosamente discreta, se sintió más como una nana que como un final, despidiendo al público con una sensación cálida y reflexiva.
Cuando los últimos aplausos se desvanecieron y las velas siguieron parpadeando en la terraza, una cosa quedó clara.
Eivissa Daurada ofrece algo cada vez más excepcional en Ibiza: la oportunidad de bajar el ritmo.

Lejos del tráfico, las multitudes y los excesos, ofrece un espacio para la contemplación, la belleza y la música en un entorno extraordinario. Un recordatorio de que la magia de la isla no siempre se encuentra en la pista de baile. A veces se halla en un violonchelo, una puesta de sol y un centenar de velas que danzan con la brisa vespertina.
Como declaró el propio Carlos Vesperinas, "Viva la música y la libertad".
El próximo concierto de Eivissa Daurada en 528 tendrá lugar el 16 de septiembre. Estate atento para obtener más información y las entradas.
FOTOGRAFÍA | Raquel Machado
