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Opinión: el maratón de ENTER. del 30 de agosto

Todo el equipo al pie del cañón de 8 de la tarde a 8 de la mañana... No se me ocurre una forma mejor de pasar 12 horas.

Ibiza Spotlight - Facebook

By spotlight

Mi maratón de Enter. comenzó en una sala pequeña con gente sudando… y terminó en una sala muy grande con gente sudando.

Nuestra noche comenzó temprano, ya que todo el equipo de clubbing de Spotlight nos dirigimos a la Ibiza Global Radio para el programa de radio de ENTER., que se grabó entre las 8 y las 9 de la tarde. El entretenimiento para este arranque de la noche estuvo a cargo de Barem, que más tarde pincharía en la Terraza en la fiesta ENTER. propiamente dicha. La sala parecía una sauna y todos nos quedamos de pie un poco incómodos al principio, mirando cómo nos caían las gotas de sudor por la frente o guardándonos discretamente revistas gratuitas en los bolsos. Pero una vez que los ritmos comenzaron a sonar y Richie Hawtin hizo correr el sake y el licor de hierbas, todo el mundo se relajó y disfrutó de una buena prefiesta. Para cuando Barem terminó con el clásico de Josh Wink, Don’t Laugh (que irrumpiría de nuevo más tarde, en su sesión de la Terraza), parecía una minifiesta en una casa, con gente apelotonada alrededor de la mesa de mezclas, sentada en los sofás, sacándose fotos y derramando sus copas (estaba casi vacía, lo juro). Fue un pequeño gran comienzo para una noche que estaba a punto de convertirse en algo muchísimo más grande…

Solo los novatos y los heroinómanos se van de fiesta con el estómago vacío, así que después del programa de radio, paramos a engullir algo de pizza en Playa D’en Bossa antes de encaminarnos a la segunda prefiesta de ENTER., con Nina Kraviz a cargo de El Salón de Space. Llegamos a las 23:00 y Kraviz ya lo estaba dando todo; me daba cada vez más la sensación de que esa noche solo iba a ir a más. Al estilo típico de Kraviz, justo cuando la cosa estaba en su techno ácido más alienante, pinchó el ritmo más marchoso, ante el que no podías evitar bailar. Uno de los momentos más destacados fue cuando Kraviz metió como quien no quiere la cosa su propio tema, Ghetto Kraviz, justo antes de que comenzaran a caer del cielo algunas desconcertantes gotitas de agua en ese momento; llevo tres meses en Ibiza y había olvidado cómo era la lluvia.

La cosa seguía muy intensa en la Terraza, dirigida por el excéntrico profesor de música del instituto (o así nos gustaría imaginárnoslo) Roman Flugel. Había mucha gente en la sala, pero las puertas de la Discoteca estaban a punto de abrirse y la gente con ganas de fiesta pronto llegaría a raudales para echar un vistazo al hombre que se esconde tras el ineludible punto negro (que, por cierto, en el mundo pirata indica la muerte inminente de alguien; me pregunto si Richie ya lo sabría). Sorprendentemente, a las 00:30 la enorme discoteca ya estaba hasta arriba de gente; Hawtin estuvo haciendo lo que mejor sabe hacer y fue genial, pero para ser sincera, estar ahí en medio de las luces estroboscópicas tan pronto me puso un tanto histérica. Una vez más, me retiré a la Terraza.

Para cuando regresé a ver a Roman Flugel, la pista de baile se había despejado casi por completo. La mezcla del comienzo de Hawtin y la apertura de la sala principal, y el estilo excéntrico y probablemente bastante inaccesible de Roman habían reducido la pista de baile de la Terraza a unos cuantos torpes. Fue una pena porque creo que era una sesión excelente e innovadora que merecía más público. Yo aguanté, al igual que otros clubbers con buen gusto y sin prisa pero sin pausa Flugel reconquistó la pista. Sus líneas de bajo golpeando fuertes y enérgicas, y los extraños trinos como de ciencia ficción consiguieron un ritmo más animado de forma continuada, alcanzando su máximo nivel en el tema de Redshape, Throw In Dirt, donde incluso la más mínima muestra de voz tuvo un tremendo impacto después de casi una hora y media de pistas meramente instrumentales. Barem regresó para seguir con una sesión techno house infinitamente más prudente, pero aun así divertida, que abandoné a eso de la mitad, sucumbiendo finalmente a la fuerza de Hawtin en la sala principal (¡divisé a Stacey Pullen y Solomun que se dirigían hacia allí también!).

Aunque cuando llegué, todavía estaba metiendo caña, Hawtin empleó la última hora de su sesión para volver a unificar la cosa y, poco a poco, redujo el ritmo para crear una transición fluida para la siguiente actuación. Pronto llegaron las 4:00, anunciando el encuentro con el que casi me da un ataque de nervios después de haber estado esperándolo toda la noche. Tras nada menos que una década de ruptura con la discoteca, Sven Vath regresaba a Space. No quiero ser melodramática o algo por el estilo, pero pareció el regreso del rey.

Estuvo genial, entretejiendo una recopilación perfectamente integrada de "lo mejor del" techno y efectuando una transición como la seda entre sesiones de hi-hat implacablemente impulsoras de profundas, épicas y evocadoras a indudablemente marchosas. Una vez que Vath empezó a ambientarse, no hubo escapatoria de la pista de baile, entre los temas destacados estuvieron la pervertida I Can Make Your Body Twitch de Lee Curtis y la frenética creación de Matador, Kingswing. La energía de la sala era electrizante, con gran cantidad de momentos de "vinculación afectiva entre el público", como una improvisada sentada alrededor de las 5:30, la antítesis total al tipo de sentadas horribles que empiezan con determinados djs (sabes quienes son) gritando al micrófono: “Vale, vamos a probar algo distinto…”

Según se iba acercando la madrugada, Vath se alejó de las caídas que hacían estallar la cabeza hacia algo más ligero y progressive, por ejemplo, Sol de Uner, y desde ahí la cosa se calmó aún más, ya que profundizamos en el insólito y maravilloso mundo de "Sven a las 7 de la mañana", con temas como Let Me Count The Ways de Benoit and Sergio. Más tarde, de forma incluso más sutil, sin que nadie llegase a darse cuenta de lo que estaba haciendo hasta el estribillo, Vath coló I Wanna Dance With Somebody de Whitney Houston. Todos aplaudimos, bailamos y cuanto más iluminaban las luces de la sala, más alto cantábamos todos. Y justo cuando todos estábamos pensando cómo podría seguir eso, seguro que esto es el final, sonó ese riff tan conocido de Music Sounds Better With You de Stardust. Y esta vez, todo el mundo cantó literalmente. Hawtin abrazaba a Väth, Väth abrazaba a Hawtin, yo abrazaba al de al lado… Sencillamente no hay bastantes superlativos en el mundo para reflejar la noche del 30 de agosto; fue una de las especiales.

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