Un simple edificio en el campo, conocido por los vecinos de la zona como Can Miquel, que ha estado operativo durante más de 20 años y que antiguamente era un típico bar ibicenco que lucía en la azotea un avión (de ahí el nombre). La notoriedad le llegó desde que Circo Loco comenzó a organizar las fiestas de los Lunes aquí en 1999. La historia de esta discoteca está indeleblemente entrelazada con la de su fiesta más representativa.
Las cosas empezaron a muy pequeña escala, como opción para aquellos insaciables que querían continuar la fiesta después de la maratón de 22 horas de los Domingos en Space. Los italianos Andrea y Antonio ofrecían algo totalmente único y pronto las noticias se propagaron sobre la fiesta tan especial que se estaba celebrando en un local desconocido junto al aeropuerto. En sus inicios pincharon gente de la calidad de Steve Lawler, Danny Tenaglia y Pete Tong sin cobrar un duro y ese grupo de gente formó un verdadero ambiente 'after-hour'.
Poco a poco, la política musical del local derivó en un movimiento más underground y nacieron nuevas estrellas de la categoría de Loco Dice y Luciano, antiguos DJs residentes de la disco. A lo largo de la primera década del s. XXI, los eventos se fueron masificando y su reputación sufrió un deterioro, lo que inevitablemente dio lugar a problemas con la administración local, que clausuró acertadamente el local durante un tiempo.
No obstante, todavía continúa siendo el referente de las fiestas underground.
A la entrada principal se accede desde el aparcamiento y desde allí se entra a la zona del Jardín - ésta se utiliza en el Cierre como una tercera pista de baile. Después de entrar a la disco cruzando el arco con el nombre de DC10 ya estás en el interior; un útero demoníaco de sonidos estridentes, bajos potentes y de fetos retrasados nadando en un líquido amniótico muy denso químicamente hablando.
Si nadas hacia la luz estarás a punto de entrar en la zona de la mente conocida como terraza y la que ha hecho al DC10 famoso en todo el mundo. En la cabina del DJ al final de la terraza caben unas 5 personas pero normalmente habrá unas 50, lo que explica que a algunos les de por arrojarse encima de la gente en lo que sería la versión discoteca de los cantantes de rock sobre el escenario.
En un principio la terraza estaba al aire libre y pasó por varias etapas de cubrimiento antes de que le colocaran su techo actual en 2007, que lamentablemente enmascaró uno de los rasgos definitorios del DC10, el rugido de los aviones aproximándose a la pista de aterrizaje que está a menos de 50m.
La discoteca ha pasado por varias etapas en los colores de sus paredes, originalmente amarillas, después rojas y naranjas, vuelta al amarillo y desde 2010, ¡un rojo intenso!.